Para el encuentro de Melómanos y Coleccionistas, no hay vacuna

Melomanos y Coleccionistas

En la memoria de los verdaderos salseros de Cali -aquellos que llegan sagradamente año tras año al Encuentro de Melómanos y Coleccionistas de la Feria de Cali – aún está fresca la imagen del ‘Judío maravilloso’ Larry Harlow, sentado en un tierrero del parque de las banderas un 26 de diciembre de 1991 escuchando las melodías de los clásicos que sonaban en los tornamesas.

Y fue allí, en ese Primer Encuentro de Melómanos, que el pianista de la Fania All Stars sin pena ni asomo de sonrojo, dijo: “Viejo Gary… esto sí es melodía. No esa porquería de música que está inundando el mercado de Nueva York y Puerto Rico”.

Aunque no lo dijo, era obvio que se refería a la salsa cama o salsa de alcoba que llenaba de billete a figuras como Eddie Santiago, Lalo Rodríguez o Frankie Ruiz, pero dejaba agonizante los mensajes y poemas de amor y vida que componían Tite Curé Alonso, Jelmén Fuentes o hasta el confundido Ibrahim Ferrer para ser inmortalizados por Benny Moré, Chapottín, Cuní o Ignacio de Loyola Rodríguez Scull, conocido como Arsenio Rodríguez, ‘el ciego maravilloso’.

De eso ya hace 29 años. Casi tres décadas de mantener viva una tradición que le sirvió a Cali como trampolín para ser considerada la Capital Mundial de la Salsa, pues en el lugar menos pensado de la ciudad se levantaba una carpa, unos cuantos tornamesas, discos de diferentes revoluciones por minuto (RPM), conocedores, escritores y cultores de música para poner a traquear las ‘panelas’ consideradas joyas musicales.

De un momento a otro los propietarios de los discos -tanto hombres como mujeres- se convirtieron en discómanos porque no permitían que nadie les tocara sus reliquias. Que alguien pusiera un dedo sobre el acetato, limpiara la pasta con un trapo sucio o lo raspara con la uña para quitarle un mugre… era un crímen.    

Y pasaron de las tertulias familiares o reuniones caseras con los amigos, a las audiciones masivas en parques y sitios públicos de la capital vallecaucana. No había pago por ello. Todo era de manera altruista para deleitar a universitarios, bailarines, melómanos, gomosos de la música o el desocupado que llegaba atraído por el sonido. Y cuando algún desconocido comentaba en el sitio: “sabe… el viejito sabe”… más que una ofensa, era un elogio.

Este improvisado movimiento salsero en Cali tomó tanta fuerza, que reconocidos personajes del mundo de la salsa no querían perderse ninguna audición y llegaban cada año a la Feria de Cali, más que a beber, a deleitar el oído. Figuras como Yolanda Rivera, Izzy Sanabria, Morena Son, Ray Pérez, Frankie Figueroa, Félix Baloy, Ismael Miranda, Danny Rivera, Tito Allen -por solo nombrar unos pocos- compartieron escenario con caleños y visitantes.

En medio de una escenografía que rememoraba aquellos años del cartucho, el casete, las pastas, vinilos o acetatos de 16, 33, 45 y 78 RPM, las agujas de diamante, el pomo de terciopelo para limpiar los discos, el tornamesa y los micrófonos colgantes Avantone, Shure y Rode Broadcaster, se movían en tarima los invitados mientras el discómano anunciaba la próxima melodía en sonar y explicaba en detalle quién era su autor, cantante, año de grabación y demás características que hacían de ese tema el único en su género.

Impresiona ver la cantidad de niños y jóvenes, quienes junto a sus padres, familiares o amigos, no solo colaboran en las audiciones sino que participan de ellas, aprenden, comentan y hasta dan cátedra a sus escasos 7 ó 16 años de edad.

Este 2020 la tradición continuará incólume pese a la pandemia, pues la administración del médico Jorge Iván Ospina, a través de Corfecali, no escatimó esfuerzos para llevar al mundo de manera virtual, lo más selecto y representativo de la salsa mundial sonando desde Cali, traspasando fronteras y tapabocas.

Tanto el director de Corfecali, Alex Zuluaga; como la primera directora del Encuentro de Melómanos y Coleccionistas que ha tenido Cali en 29 años, Lorena Henao; coincidieron en que a través de las redes sociales se proyectará la imagen de Cali como ciudad salsera, culta y conservadora de la tradición con la puesta en escena no solo de melómanos consagrados, sino de aquellos niños melomanitos entre los 7 y 16 años formados como guardianes y preservadores de la cultura de la salsa.

Para deleite del mundo, este pandémico año tendrá en tarima de manera gratuita 170 melómanos, 29 de los cuales son extranjeros de 14 países, quienes compartirán con los 52 niños melómanos caleños que han venido participando de las cerca de 220 audiciones que las 24 asociaciones de Melómanos que hay en Cali realizan cada año con miras a engrosar la fila de 1.300 simpatizantes.

La versión número 63 de la Feria de Cali no pasará desapercibida. Trae grandes sorpresas, selectos invitados, reconocidos validadores de lo que pasa en la Capital Mundial de la Salsa y una alegría que contagiará a todo el planeta con un ritmo de raíces africanas del que no se quieren vacunas porque es un placer morir de la dicha.

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